1.
No me costó mucho encontrar un trabajo decente en Sevilla,
mi regreso había sido inesperado, sobre todo para mi familia, mis amigos ya
estaban medio avisados. Nerea había hablado con algunos compañeros y me había
recomendado a una pizzería del centro y hoy es mi primer día.
He cambiado el pantalón de pinza y la camisa por una gorra y
un polo, adiós a mi manicura, a mi pelo suelto, mis pendientes, mis
pulseras…Pero mejor esto a seguir en algo que no me va a beneficiar, pensándolo
bien, me ahorro alquiler y todo y, encima, me desintoxico de Sergio. Ya estoy
preparada, pelo recogido, un poco de maquillaje, bolso listo, bono transporte
cargado y..¡Allá vamos!.
Después de media hora de paseíto en autobús ya estoy en la
pizzería, ¿Por qué me tiemblan las manos? Odio que me dé tanto miedo todo lo
nuevo, voy a coger aire, y a entrar.
—Bueno Mara, esta será tu taquilla, puedes dejar aquí tus
cosas y esta será tu llave. Tu gorra y tu chapa, te la tienes que colocar en el
lado derecho. Cuando termines de estar lista, vente afuera que empieza tu
formación.
Nuria, mi jefa me dio mi llave, mi gorra y la chapa con mi
nombre. Guardé mi bolso en la taquilla y luego me guardé la llave, volví a
suspirar y tras ponerme la gorra y la chapa me miré al espejo, no me disgustaba
el nuevo look, además, no es por presumir, pero siempre me han quedado bien las
gorras o los sombreros. Caminé por el pasillo del almacén y lo que parecía un
lavavajillas hasta llegar a la cocina, lo miré todo, siempre había comido pizzas,
pero nunca había sabido lo que había detrás, llegue hasta donde estaba mi nueva
jefa, en los teléfonos.
—Listo. Ya estoy aquí. —Dije muy dispuesta a empezar.
Nuria comenzó a enseñarme como tomar pedidos telefónicos ya
fuesen para domicilio o de los que venían a recogerlos al local, la verdad
había mucho que aprender y ahora mismo me coge todo fuera de onda, pero algo me
decía que no se me iba a dar mal. Justo en plena formación, sonó el teléfono, y
la jefa me animo a cogerlo y así ir aprendiendo de forma más fácil.
—Domino's Pizza, mi nombre es Mara ¿en qué puedo ayudarle? —Respondí
al teléfono leyendo el guion telefónico. —¿Para domicilio? ¿Su dirección
por favor?
Seguí los pasos que Nuria me había enseñado hacía apenas
unos minutos, aunque la llamada la atendí bajo su supervisión, ya que había
cosas en las que me estaba atascando y ella me iba señalando la pantalla con el
dedo, para saber dónde clicar conforme yo iba hablando con el cliente.
—¿Cambio de 20€? Perfecto, en treinta minutos estará su
pedido. Gracias.
Nuria me felicitó, no había estado tan mal, después de eso
me enseñó a hacer las cajas donde iban las pizzas y los complementos y luego,
mis compañeros me siguieron ayudando a coger llamadas o sacar incluso comida a
la sala.
Mi turno termino a las 23:00, y estaba muy contenta, aún tenía
mucho que perfeccionar pero me han acogido tan bien que estaba deseando volver
mañana. El cambio no ha sido nada malo, me despedí de mis compañeros y les di
las gracias y al salir, le escribí un mensaje a Nerea para agradecerle que me
haya encontrado este trabajo, nada más escribirle, me llamo.
—¡¡Hoooola!! ¿Así que te ha ido bien? Les advertí que te
cuidaran, me alegro mucho amor.
—¡Si! Bueno ya sabes, aún tengo que cogerle el truco a todo
y sobre todo al tema que si de las masas, los ingredientes a elegir…Muchas
cosas pero, todos me han ayudado, he sido una más desde el minuto uno, y eso me
ha encantado, en Zara me costó mucho más la acogida.
—Sí, te he dejado en buenas manos y estoy segura de que no
te costara mucho aprender, es siempre lo mismo, sota, caballo y rey. Hablando
de Zara…
Ese tono que estaba tomando la voz de Nerea no me gustaba
nada, me olía a rubio oxigenado.
—¿Qué pasa?—Pregunté con cierta preocupación.
—Sergio ha venido a vernos y…
Por favor, que no le haya dicho dónde estoy, por favor Nerea
no seas una bocazas.
—¿Y…?
—Va de camino a Sevilla.
Sí, se lo ha dicho. ¿Cómo podía dudar de la bocazas de Nerea?
Mi cerebro se acaba de quedar en blanco, ni si quiera sé que decir, por un lado
no quiero que me encuentre, pero por otro, el corazón me ha dado un vuelco,
como se presente aquí….Oh no, no podrá, ni Nerea sabe mis horarios y el menos,
así que, con un poco de suerte viene a buscarme cuando no este, aunque en
realidad quiero verle, pero por otro lado es hacerme más daño a mí misma ahora
que me estaba despejando y recuperando mi vida aquí. ¡Ay dios! ¡La voy a matar!
—¿Mara? ¿Sigues ahí?
—Nerea, te voy a cortar la lengua, en serio. ¿Cómo se te
ocurre?
—Venga, no te enfades. En el fondo lo he hecho por ti, bueno
por los dos. Sé que te gusta y que tú le gustas y sinceramente, se le veía muy
tocado. Y siendo egoísta, nosotras también queremos que vuelvas...
Suspiré aún con el móvil pegado a la oreja, pensando en
ellas, en mi tropa, en Sergio, de repente todos los recuerdos del pasado año se
me estaban echando encima y no quería, porque si eso pasaba, iba a derrumbarme ahora
que ya estaba superándolo, o eso creo…
—Yo también os echo de menos, el barrio no es lo mismo sin
vosotras, me paso las tardes con tíos...
Yo misma me mordí el labio a modo de “madre mía que he hecho
con mi vida” había pasado de vivir en Madrid, trabajar en una importante
multinacional de ropa, vivir con mis amigas, haber conocido a un hombre que me
hiciera borrar a mi ex de mi memoria y sobre todo del corazón y ahora. Ahora
aunque estuviese a gusto con los chicos, había retrocedido no unos pasos, sino
años atrás.
—Nena..Hablo en nombre de todas, si te encuentra, si
coincides con él, dale la oportunidad de que hable contigo y luego decide que
quieres hacer. No te cierres, no todos son el innombrable. ¿Vale?
Yo asentí y luego le solté un “vale” tratando de convencerme
a mí misma para hacer eso, nos despedimos y colgué apoyando la coronilla en el
cristal de la parada de autobús, soltando un suspiro más, de agobio y de
decepción conmigo misma. Al final siempre acabo huyendo cuando los tíos me
hacen daño y no debería ser así, debería aprender a plantarles cara, y que si
me los cruzo me sudase el papo hablando mal y pronto pero no, prefiero huir y
no verles más cuando así incluso lo paso peor al volverles a ver por qué se me
da la vuelta el estómago, literalmente, me entran ganas de irme de varetas…
Me vuelvo a sentir como con el innombrable, vuelvo a pensar
en todo lo que podíamos a ver sido y no hemos sido nada, si ya sé que apenas éramos
nada pero, no sé, pensé que podríamos ser algo, pensé que por fin podría sentar
mi vida, volver a vivir el amor y de hecho quizá lo empezase a vivir pero en
cuanto él quiso que entrase en su mundo…No, eso no es para mí, puedo aceptar
unas esposas, una fusta si quieres pero no puedo ver como otra le toca, solo
imaginarlo me pone de mala hostia y con ganas de llorar a la vez…No voy a
pensarlo más, que sea lo que tenga que ser, voy a coger el autobús y me voy a
casa.
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